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La lactoferrina une hierro: péptidos antimicrobianos y evidencia clínica

La lactoferrina une hierro: péptidos antimicrobianos y evidencia clínica

Cómo la lactoferrina coordina Fe³⁺, qué muestran los estudios de lactoferricina y otros mecanismos experimentales, y qué ensayos informan sobre sepsis neonatal, anemia, H. pylori e infecciones respiratorias.

Equipo editorial de NutriFit·9/10/2026
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La lactoferrina es una glucoproteína grande que une hierro y se encuentra en la leche, las secreciones mucosas y los gránulos de los neutrófilos. Su biología molecular ayuda a explicar varios efectos: puede mantener el hierro fuera del alcance de los microbios, interactuar con el lipopolisacárido y las superficies celulares y, tras la proteólisis, generar péptidos con actividad propia. Sin embargo, estos mecanismos no equivalen al efecto clínico de un suplemento alimentario. Importan el origen de la proteína, su saturación con hierro, el procesamiento, el lugar y grado de la digestión y el desenlace específico del estudio.

Este artículo separa tres preguntas: cómo coordina la lactoferrina el Fe³⁺ y participa en la «competencia por el hierro» local; qué muestran los experimentos de laboratorio con lactoferricina, lactoferrampina, biopelículas y adhesión viral; y qué se ha estudiado en pacientes. Se presta especial atención a la diferencia entre la unión molecular al hierro y su entrega al organismo, así como entre un ensayo temprano, pequeño y positivo y estudios posteriores más amplios con resultados neutros.

1. Una proteína presente en distintos lugares y formas

La lactoferrina (LTF, lactotransferrina) es una proteína no hemo que une hierro y pertenece a la familia de las transferrinas. En humanos la producen células epiteliales glandulares, incluidas las de la glándula mamaria y las mucosas, así como los neutrófilos. Su concentración en la leche es especialmente alta en el calostro y disminuye a medida que esta pasa a ser leche madura; la composición de las secreciones depende de la especie, la etapa de lactancia y el estado fisiológico. En los gránulos secundarios de los neutrófilos, la proteína se sintetiza durante la maduración del granulocito y luego se libera por degranulación en los focos de inflamación. Por tanto, el depósito de los neutrófilos y la lactoferrina ingerida representan exposiciones diferentes: en el primero, la proteína está localmente junto a microbios y células del huésped; en el segundo, primero atraviesa el tubo digestivo.

La molécula está glicosilada y tiene dos lóbulos homólogos, N y C, unidos por una bisagra. Cada lóbulo consta de dos dominios con una hendidura de unión al metal entre ellos. Una molécula intacta puede unir hasta dos iones Fe³⁺, uno en cada lóbulo. Esta es la capacidad estequiométrica máxima, no una descripción de la saturación de cualquier producto comercial.

En este artículo se emplean tres términos convencionales para la saturación de hierro. La forma apo tiene hendiduras de unión vacías; la forma monoférrica tiene ocupado uno de los dos sitios; la forma holo está cerca de la saturación de ambos. Los productos reales y las secreciones biológicas pueden contener una mezcla de estos estados. La saturación afecta la conformación de la proteína, el acceso a los sitios de unión y sus propiedades en sistemas de laboratorio. La masa del polvo o la etiqueta «lactoferrina» no permiten saber cuánta capacidad libre para Fe³⁺ contiene.

La lactoferrina bovina (bLF) es común en suplementos y fórmulas enriquecidas; la humana (hLF) está presente en la leche materna y los gránulos de neutrófilos. Su arquitectura es parecida, pero difieren en secuencia, glicosilación, saturación, materia prima y procesamiento. La proteína recombinante también debe considerarse una preparación distinta si cambian su secuencia, sus glicanos o sus características de fabricación. La actividad de un péptido aislado de lactoferrina bovina no puede atribuirse automáticamente a la proteína humana o recombinante ingerida por vía oral.

2. Cómo se forma el sitio de unión al hierro

En cada lóbulo, el Fe³⁺ se encuentra en la hendidura entre dominios. En los estudios estructurales clásicos, el ion está coordinado por cuatro cadenas laterales de la proteína —un aspartato, dos tirosinas y una histidina— y por los oxígenos de un anión carbonato sinérgico. En la lactoferrina bovina incluyen Asp60, Tyr92, Tyr192 e His253 en el lóbulo N; los residuos correspondientes del lóbulo C son Asp395, Tyr433, Tyr526 e His595. La numeración depende de la especie y de la secuencia concreta, por lo que no deben asignarse estas posiciones a todas las variantes sin comprobarlas.

El carbonato actúa como anión sinérgico: ocupa parte de la esfera de coordinación del Fe³⁺ y se estabiliza mediante enlaces de hidrógeno, entre ellos interacciones cerca de una arginina conservada y del extremo de una hélice. En los medios fisiológicos, carbonato y bicarbonato se encuentran en equilibrio ácido-base, por lo que en los experimentos aparecen ambos términos. Esto no significa que el bicarbonato libre forme siempre directamente un complejo idéntico a cualquier pH. En comparación, el Fe³⁺ libre tiende a hidrolizarse y precipitar en medios acuosos; por eso, las mediciones de afinidad dependen del tampón, el pH, los ligandos competidores y el método. Una única constante de unión universal para todas las condiciones sería engañosa.

Cuando se unen el hierro y el anión, los dominios del lóbulo se aproximan y la hendidura se cierra. La forma apo suele ser más abierta y móvil, mientras que la cargada de hierro está más cerrada; es la transición conformacional «en forma de pinza». Afecta la accesibilidad del metal y la interacción de la proteína con proteasas, pero no la vuelve indigerible. Una transición estructural observada por cristalografía o espectroscopia no indica por sí sola qué fracción de una dosis oral sobrevive a la digestión.

La lactoferrina retiene el hierro en condiciones ácidas con más fuerza que la transferrina sérica, adaptada a liberar el metal en endosomas ácidos. Sin embargo, afirmar que «el hierro permanece unido hasta pH 3» sería una generalización excesiva. En un experimento con lactoferrina bovina saturada, la retención al bajar el pH dependió del lóbulo y de las condiciones: ya se perdía algo de hierro cerca de pH 5, quedaba alrededor de una cuarta parte a pH 4 y cerca de una décima parte del hierro inicial a pH 2. Esto describe un sistema de medición concreto, no una curva universal para la proteína humana, todos los estados de saturación o un estómago con alimentos.

Dos lóbulos de lactoferrina y un centro esquemático de coordinación de Fe³⁺ con Asp, dos Tyr, His y carbonato; la transición de apo a holo no demuestra biodisponibilidad oral.

3. La secuestración del hierro forma parte de la inmunidad nutricional, no es un simple «umbral de inanición»

Durante la inflamación, el huésped modifica la distribución del hierro. La transferrina lo transporta en el plasma, la ferritina lo almacena en las células y la lactoferrina lo une en los gránulos de neutrófilos y las secreciones. Reducir el hierro extracelular disponible puede restringir el crecimiento de algunos microorganismos; a esto se le llama inmunidad nutricional. Las bacterias necesitan hierro no como cofactor abstracto, sino para metaloproteínas concretas: citocromos hemo, proteínas hierro-azufre, algunas enzimas de síntesis del ADN y reacciones redox.

La secuestración no significa que todas las bacterias dejen de dividirse ante una misma concentración de Fe³⁺. Las necesidades dependen de la especie, el medio y las condiciones de oxígeno; los microbios pueden obtener hierro del hemo, usar sideróforos o expresar receptores especializados para proteínas del huésped. Se han descrito en varios patógenos sistemas de captación de hierro desde transferrina o lactoferrina. Los sideróforos de alta afinidad ayudan a los microbios a competir por el metal, y algunas bacterias gramnegativas pueden «piratear» sideróforos que ya llevan hierro. Por ello, la lactoferrina participa en una competencia dinámica; no constituye una barrera de hierro infranqueable.

También es importante no confundir secuestración con entrega de hierro. La apo-lactoferrina tiene capacidad libre y puede captar Fe³⁺. La holo-lactoferrina ya transporta hierro, pero este no se vuelve automáticamente biodisponible para una persona solo porque haya ingerido la proteína. La transferencia del metal requiere que se conserve el complejo, el reconocimiento de la proteína o la liberación del hierro, su transporte posterior y su incorporación al metabolismo. La digestión, la saturación y el estado de la mucosa pueden modificar cada etapa.

La regulación del hierro durante la inflamación también se relaciona con la hepcidina: IL‑6 y otras señales pueden aumentar su síntesis hepática, lo que favorece la internalización de ferroportina y la retención de hierro en enterocitos y macrófagos. Algunos estudios clínicos de lactoferrina en anemia han medido IL‑6, hepcidina o su precursor y parámetros hematológicos. Pero un cambio en un marcador inflamatorio no demuestra que la lactoferrina por sí misma «abra» la ferroportina o sustituya al hierro; deben evaluarse los resultados sanguíneos y el contexto clínico.

La unión del hierro por la lactoferrina puede reducir la participación del hierro libre en reacciones que producen especies reactivas de oxígeno. Pero describir la reacción de Fenton no debe convertirse en la afirmación de que la proteína bloquea por completo el daño oxidativo tisular. La química redox en el organismo depende de las especies de hierro, los quelantes locales, el peróxido, las enzimas y el compartimento. La lactoferrina une iones, pero no es un interruptor antioxidante universal de la inflamación.

4. Proteína intacta, lactoferricina y lactoferrampina

Además de las hendiduras de unión al hierro, la lactoferrina tiene regiones catiónicas capaces de interactuar con las envolturas microbianas. Las proteínas humana y bovina pueden unirse al lipopolisacárido (LPS); experimentos de laboratorio han mostrado unión al LPS y al lípido A, además de la liberación de parte del LPS de la membrana externa de bacterias gramnegativas. El efecto depende de la concentración, la fuerza iónica, la especie y cepa bacteriana, y de si se estudia la proteína completa o un péptido. Unir LPS en un tubo no equivale a neutralizar clínicamente la endotoxina en un paciente.

La lactoferricina es un fragmento catiónico de la región N-terminal de la lactoferrina. Los estudios clásicos la obtuvieron mediante digestión controlada de la proteína con pepsina y después aislaron o sintetizaron el fragmento para los experimentos. En la variante bovina suele estudiarse la secuencia bLfcinB de 25 aminoácidos; el fragmento humano tiene otra secuencia y plegamiento. Un enlace disulfuro intramolecular puede cerrar un bucle, mientras que arginina, lisina y residuos aromáticos contribuyen a contactos electrostáticos e hidrofóbicos. La lactoferrampina es otro segmento antimicrobiano propuesto del dominio N1, identificado por la actividad de un péptido sintético; no debe tratarse como un producto cuya formación intacta en el intestino tras cada porción de lactoferrina esté demostrada.

En modelos experimentales, los péptidos catiónicos pueden sentirse atraídos por regiones con carga negativa de la envoltura: los fosfatos del lípido A en bacterias gramnegativas o componentes aniónicos de la pared celular en bacterias grampositivas. El desplazamiento de los puentes de Mg²⁺ y Ca²⁺ que estabilizan el LPS puede aumentar la permeabilidad de la membrana externa. Algunos péptidos interactúan después con la membrana citoplasmática, cambian su permeabilidad o potencial y alteran así la viabilidad bacteriana. En experimentos in vitro se han descrito liberación de LPS y cambios morfológicos de membrana con lactoferricina; el mecanismo exacto de muerte varía entre microorganismos y no se reduce a un poro universal de diámetro fijo.

Este efecto no tiene por qué depender del hierro: la interacción péptido-membrana puede persistir con la proteína saturada o con un fragmento sintético. Pero hay varios pasos entre un péptido sintético en un cultivo bacteriano y un suplemento oral: debe generarse una secuencia activa, sobrevivir en la luz intestinal, llegar al lugar de acción en concentración suficiente y no confundirse el efecto con otro componente del producto. Por tanto, la actividad antimicrobiana de bLfcinB purificada no demuestra que la sangre o la mucosa reciban la misma dosis de péptido activo después de ingerir lactoferrina intacta.

5. Biopelícula: un mecanismo de adhesión temprana y los límites de un resultado de laboratorio

Una biopelícula es una comunidad microbiana rodeada de una matriz extracelular de polisacáridos, proteínas y ADN extracelular. Su composición y resistencia varían según el microorganismo y las condiciones de la superficie. En un estudio clásico de Pseudomonas aeruginosa, una concentración subinhibitoria de lactoferrina que no frenaba el crecimiento bacteriano interfería en la formación de biopelículas. Al unir el hierro disponible, la proteína aumentaba la motilidad superficial (twitching), de modo que las bacterias individuales seguían desplazándose en lugar de asentarse, agruparse y empezar a construir una biopelícula.

Este es un mecanismo importante en una fase temprana de formación, pero el trabajo original no puede describirse como prueba de que la lactoferrina «disuelva biopelículas maduras en personas». Los efectos sobre una matriz ya formada, una cepa concreta y un modelo de superficie requieren experimentos separados; un efecto de laboratorio tampoco demuestra que un suplemento oral alcance un catéter, el pulmón o la placa dental. Las combinaciones de lactoferrina y antibióticos se han estudiado en distintos sistemas experimentales, pero una MIC menor o una sinergia in vitro por sí solas no justifican cambiar el tratamiento antibiótico.

6. Adhesión viral: un modelo plausible no equivale a tratamiento antivírico

Las regiones con carga positiva de la lactoferrina pueden unirse a glucosaminoglucanos con carga negativa de la superficie celular, entre ellos el heparán sulfato. Para algunos virus, el heparán sulfato sirve como factor de adhesión inicial. En modelos celulares, la lactoferrina puede competir por ese sitio o unirse a la partícula viral; la interacción puede ser distinta con otros virus. Aunque este paso reduzca la infección en un cultivo celular, no demuestra que la proteína conserve su estructura tras ingerirse, alcance el epitelio a la concentración necesaria o prevenga la infección en personas.

En los primeros experimentos con virus, la adhesión y la entrada se estudiaron por separado: el pretratamiento de las células o de las partículas podía cambiar el resultado, mientras que los virus que no utilizaban heparán sulfato en un modelo dado respondían de otra manera. Por eso, aquí es incorrecto hablar de una «acción antivírica pantropa». Los resultados sobre HSV, gripe, RSV, SARS‑CoV‑2 y virus entéricos proceden de modelos distintos y no se pueden combinar como un único mecanismo o indicación demostrados.

La evidencia clínica es mucho menor que la mecanística. Un ensayo aleatorizado en 209 trabajadores sanitarios de Perú estudió 600 mg/día de lactoferrina bovina durante 90 días para prevenir SARS‑CoV‑2. El ensayo terminó antes de tiempo cuando aparecieron las vacunas; se registró infección en 11/104 participantes del grupo de lactoferrina y en 9/105 del grupo placebo, sin diferencia significativa. En un estudio de 218 adultos hospitalizados con COVID‑19 moderada o grave se añadió bLF 800 mg/día al tratamiento estándar: no se encontraron diferencias en muerte o ingreso en UCI ni en el alta temprana. Estos datos no respaldan un efecto preventivo o terapéutico frente a COVID‑19.

También se han probado productos combinados para el resfriado. Por ejemplo, un estudio aleatorizado utilizó 600 mg/día durante 90 días de una fracción con lactoferrina enriquecida con inmunoglobulinas del suero de leche. Incluyó a 126 adultos con resfriados frecuentes; 90 completaron los 90 días. Durante ese periodo se registraron 48 resfriados en el grupo de la mezcla frente a 112 en el grupo placebo (p<0,001); los días con síntomas y la gravedad también fueron numéricamente menores, pero la diferencia no alcanzó significación estadística. Es una señal para una mezcla y unos síntomas concretos, no una evaluación aislada de la lactoferrina. En un estudio de 50 preescolares con infecciones respiratorias recurrentes se administraron 400 mg/día de bLF durante cuatro meses; la mediana de episodios fue 1 (IQR 0–2) frente a 2 (IQR 1–3) en el grupo control (p=0,02). La proporción de niños con tres o más episodios fue del 4% frente al 28%; durante los dos meses siguientes a la interrupción no hubo diferencias entre grupos. Fue un estudio comparativo pequeño con tratamiento abierto; su señal corresponde a un producto y grupo determinados, no a la prevención para todos los niños.

7. Qué ocurre con la lactoferrina después de ingerirla

La lactoferrina es una proteína alimentaria y su destino oral depende del pH, la matriz alimentaria, la saturación de hierro, las proteasas y el tiempo de tránsito. En el estómago, la pepsina puede escindir parte de las moléculas; en el intestino delgado actúan las proteasas pancreáticas y las peptidasas del borde en cepillo. La fracción de proteína intacta y el perfil de fragmentos varían según las condiciones experimentales. Esto contradice la afirmación de que una fracción fija de cualquier dosis en adultos atraviesa el estómago intacta o que la lactoferricina debe aparecer en el contenido intestinal a una concentración farmacológicamente activa.

En los lactantes, la leche materna contiene lactoferrina humana dentro de una matriz compleja; la madurez digestiva y la alimentación son distintas de las de un adulto que toma polvo bovino aislado. Las observaciones en la lactancia no pueden trasladarse directamente a la biodisponibilidad de una cápsula o una fórmula con otra composición proteica.

Los modelos celulares y animales han estudiado la unión de la lactoferrina a receptores y su captación por el epitelio. La intelectina-1 (ITLN1) reconoce ciertas estructuras de carbohidratos e interactúa con la lactoferrina en sistemas experimentales; LRP1 y otros receptores participan en la endocitosis en algunos tejidos. Pero hallar un receptor en cultivo celular no demuestra una transcitosis eficaz de proteína intacta desde el intestino humano a la sangre. También hay que distinguir en la circulación la proteína alimentaria, sus fragmentos y la lactoferrina endógena de los neutrófilos. No existe una cifra universal fiable de biodisponibilidad sistémica de la lactoferrina oral en humanos.

La «entrega de hierro» también debe interpretarse con cautela. En el tubo gastrointestinal, parte de la lactoferrina puede unir Fe³⁺, y algunas vías celulares y de receptores pueden transferir hierro. Pero un aumento clínico de hemoglobina no demuestra que la molécula cruzara intacta el intestino; pueden influir cambios en la regulación inflamatoria, la dieta, la adherencia u otros factores. El mecanismo debe medirse, no inferirse a partir de un solo marcador.

8. Evidencia clínica: resultados positivos tempranos y ensayos negativos más amplios

Prematuros y sepsis de inicio tardío

En el estudio multicéntrico italiano de Manzoni et al., 472 lactantes de muy bajo peso al nacer se asignaron a tres grupos: 100 mg/día de lactoferrina bovina, la misma lactoferrina con Lactobacillus rhamnosus GG o placebo. El tratamiento continuó hasta el día 30 de vida y, en los niños con peso inferior a 1000 g, hasta el día 45. Se registró un primer episodio de sepsis tardía en 9/153 lactantes del grupo bLF (5,9%) y en 29/168 del grupo placebo (17,3%); la razón de riesgos fue 0,34. Fue un resultado positivo notable para una población y un entorno de cuidados intensivos concretos, pero necesitaba confirmación en estudios más amplios.

En el ensayo británico ELFIN, 2203 prematuros extremos se asignaron al azar a bLF enteral, 150 mg/kg/día (máximo 300 mg/día), o a un placebo de aspecto idéntico; el análisis principal incluyó a 2182 lactantes. Se produjo una infección tardía en 316/1093 niños (28,9%) del grupo de lactoferrina y en 334/1089 (30,7%) de los controles; la RR ajustada fue 0,95 (IC del 95%: 0,86–1,04), sin diferencia significativa. Tampoco se encontró una diferencia convincente en desenlaces secundarios, como enterocolitis necrosante (NEC), mortalidad y displasia broncopulmonar. La conclusión de los autores no respaldó el uso rutinario de bLF para prevenir infecciones en prematuros extremos.

En el ensayo australiano-neozelandés LIFT, 1542 lactantes con peso al nacer inferior a 1500 g recibieron 200 mg/kg/día de bLF pasteurizada o alimentación habitual sin lactoferrina añadida. El desenlace principal fue la supervivencia hasta el alta sin morbilidad grave, no solo la sepsis. La muerte o una complicación grave compuesta ocurrió en 162/770 (21%) frente a 170/771 (22%); RR 0,95 (IC del 95%: 0,79–1,14), p=0,60. Un metaanálisis prespecificado por los investigadores de LIFT, con 5609 niños de 13 ensayos, encontró menos sepsis tardía (RR 0,79; IC del 95%: 0,71–0,88), pero no diferencias en NEC ni mortalidad general. Cochrane había calificado antes como baja la certeza de la evidencia sobre la reducción de sepsis tardía. Estos resultados no se pueden resumir como una promesa de prevenir la sepsis: los grandes ensayos no confirmaron sus principales desenlaces clínicos compuestos, y la estimación conjunta depende de estudios heterogéneos.

En ELFIN, la suplementación continuó hasta las 34 semanas de edad posmenstrual. En LIFT, se mantuvo hasta las 34 semanas de edad posmenstrual o durante al menos dos semanas, el período que fuera más largo; el alta anterior ponía fin a la administración. Estos protocolos distintos no constituyen una pauta terapéutica única.

La revisión Cochrane de 2020 reunió 12 ensayos aleatorizados con 5425 lactantes; la evidencia de una posible reducción de la sepsis tardía tuvo una certeza baja, sin una reducción demostrada de la NEC de estadio II/III ni de la mortalidad global.

Ferropenia y anemia

Los primeros estudios italianos en mujeres comunicaron que 100 mg de bLF dos veces al día podían mejorar la hemoglobina y los marcadores de hierro, en ocasiones con menos molestias gastrointestinales que el sulfato ferroso. Sin embargo, algunos trabajos tempranos incluyeron como controles a mujeres que rechazaron el tratamiento y no fueron comparaciones modernas con aleatorización rigurosa. Dos ensayos clínicos de Paesano et al. de 2010 compararon 100 mg de bLF dos veces al día con 520 mg/día de sulfato ferroso en mujeres embarazadas y no embarazadas; comunicaron diferencias en hemoglobina, IL‑6 y prohepcidina. Un metaanálisis de 2017 reunió cuatro ECA (600 embarazadas): la diferencia media en el aumento de Hb a las cuatro semanas fue de +0,77 g/dL a favor de bLF (IC del 95%: 0,04–1,55), pero la diferencia del subgrupo con anemia leve no fue estadísticamente significativa. Los ensayos diferían en la gravedad de la anemia, las dosis y los métodos; los primeros resultados no deben sustituir a un estudio más amplio.

En 2026, un ensayo aleatorizado, doble ciego y de no inferioridad en Daca incluyó a 555 mujeres no embarazadas de 18–49 años con anemia ferropénica. Las participantes recibieron 60 mg/día de hierro elemental como sulfato, 200 mg de bLF o 400 mg de bLF; todos los grupos recibieron además 400 μg de ácido fólico durante 12 semanas. La Hb media cambió −0,2 ± 0,8 g/dL con 200 mg de bLF, 0,0 ± 0,9 con 400 mg de bLF y +1,1 ± 1,3 con sulfato ferroso. Ninguna dosis de bLF alcanzó el margen de no inferioridad preestablecido, y ambas fueron inferiores al control activo en Hb. Los acontecimientos adversos fueron comparables entre grupos. Es un resultado negativo directo para el uso de bLF como sustituto del sulfato ferroso en una población y pauta similares.

Los estudios que combinan lactoferrina con hierro, un probiótico u otro tratamiento responden a una pregunta distinta de la monoterapia con bLF. Asimismo, los niños con enfermedad inflamatoria intestinal, las embarazadas, las personas con enfermedad renal crónica y las mujeres no embarazadas de Bangladés tienen causas de anemia y respuestas esperadas diferentes. Ante una anemia confirmada en laboratorio, hay que determinar su tipo y causa; la capacidad molecular para unir hierro no demuestra que un suplemento sustituya al tratamiento de la ferropenia. Para más información sobre diagnóstico e interpretación de ferritina, véase hierro y ferritina.

Helicobacter pylori y antibioterapia

También se han probado dosis fijas de bLF como complemento de esquemas antiguos de erradicación de H. pylori. En un estudio multicéntrico de 402 adultos se comparó una pauta de siete días de esomeprazol, claritromicina y tinidazol con los mismos antibióticos más 200 mg de bLF dos veces al día. En el análisis por intención de tratar, la erradicación fue del 77% sin lactoferrina y del 90% con ella; los acontecimientos adversos no difirieron de forma sustancial. En otro ensayo aleatorizado, 133 pacientes recibieron una triple terapia de siete días con amoxicilina, claritromicina y esomeprazol o esa misma pauta más 200 mg de bLF dos veces al día: las tasas de erradicación fueron del 77,9% y el 76,9%, de modo que añadir lactoferrina no mostró ventaja.

Un metaanálisis de 2009 reunió nueve ECA y 1343 participantes, y comunicó una mayor tasa agrupada de erradicación y menos efectos adversos al añadir lactoferrina. Sin embargo, los ensayos incluidos eran pequeños, utilizaban pautas distintas y se realizaron en una época con otra resistencia a antibióticos; un ECA negativo posterior muestra que el resultado no es universal. Estos datos no justifican añadir lactoferrina por cuenta propia a un esquema actual de erradicación ni modificar los antibióticos prescritos.

Infecciones respiratorias y desenlaces inflamatorios

Un ensayo aleatorizado en 157 adultos sanos (145 entraron en el análisis completo) comparó 200 mg/día de bLF durante 12 semanas con placebo; los desenlaces principales fueron puntuaciones combinadas de síntomas respiratorios y sistémicos. Las puntuaciones medias totales fueron menores en el grupo de bLF y también cambiaron los marcadores de actividad de las células dendríticas plasmocitoides. El ensayo no se diseñó para demostrar una reducción de infecciones confirmadas en laboratorio. Un ensayo de prevención de SARS‑CoV‑2 en trabajadores sanitarios no encontró un efecto significativo; una fracción combinada de Lf/Ig y un pequeño estudio preescolar solo aportan señales específicas del producto y la población.

En conjunto, los estudios en humanos no justifican el uso universal de lactoferrina para prevenir infecciones respiratorias agudas, tratar infecciones virales o suprimir la inflamación. Un cambio en una citocina, pDC o puntuación de síntomas no equivale a prevenir la infección, la hospitalización, la muerte o la transmisión viral.

Unión de hierro en laboratorio frente a resultados primarios neutros de ELFIN y LIFT y un ensayo de anemia en 555 mujeres, donde ambas dosis de bLF fueron inferiores al sulfato ferroso.

9. Seguridad, forma del producto y límites del uso por cuenta propia

La bLF se obtiene de materia prima láctea; las personas con alergia a las proteínas de la leche de vaca pueden reaccionar a la propia proteína o a componentes lácteos residuales, por lo que «purificado» no garantiza la ausencia de alérgenos. La intolerancia a la lactosa tiene otro mecanismo y por sí sola no equivale a una alergia a la proteína de la leche, pero sigue importando la composición del producto concreto. Las personas alérgicas a la leche deben evitar probar bLF por su cuenta y comentar alternativas con un profesional sanitario.

Los estudios breves suelen comunicar tolerabilidad aceptable, pero las muestras pequeñas no permiten descartar reacciones infrecuentes. La seguridad de un ingrediente alimentario o una notificación GRAS de la FDA se refiere al uso alimentario previsto y a la calidad de la materia prima concreta; no establece eficacia terapéutica, seguridad a cualquier dosis ni ausencia de alergia. Tampoco se deben trasladar entre productos los datos de bLF pasteurizada en prematuros, cápsulas para adultos, fórmulas enriquecidas o proteína recombinante.

Estos datos no establecen una dosis terapéutica universal. Los estudios utilizaron productos, estados de saturación, dosis y duraciones concretos: desde 100 mg/día en prematuros en un ensayo hasta cientos de mg/día en adultos y 150–200 mg/kg/día en protocolos neonatales. Son descripciones de pautas de investigación, no instrucciones para automedicarse. La ferropenia requiere diagnóstico y control de la respuesta; ante sospecha de infección o enfermedad grave, la lactoferrina no sustituye la atención médica.

Método y limitaciones de la revisión

Esta es una revisión narrativa de la bioquímica de unión al hierro de la lactoferrina, modelos experimentales antimicrobianos y virales, y estudios clínicos. El 9 de octubre de 2026 se realizaron comprobaciones dirigidas de estudios estructurales primarios del centro de coordinación; trabajos sobre lactoferricina, LPS y formación de biopelículas; ensayos principales en prematuros; primeros estudios de lactoferrina en anemia; el ensayo aleatorizado de no inferioridad de 2026; ensayos clínicos en H. pylori y estudios en humanos de desenlaces respiratorios. Las cifras corresponden a ensayos concretos y no se combinan en una recomendación individual. No se hizo una búsqueda sistemática formal ni una evaluación independiente del riesgo de sesgo de todos los temas mencionados; por ello no se afirma una calificación GRADE única. Las limitaciones incluyen diferencias en el origen y la forma de la proteína, saturación con hierro, matriz alimentaria, dosis, población y definición de desenlaces; gran parte de la evidencia mecanística procede de estudios in vitro o en animales.

Conclusión

La lactoferrina es una proteína con dos lóbulos de unión al hierro, participación sinérgica del anión carbonato y varias formas distintas de interactuar con superficies microbianas. La secuestración de Fe³⁺, la unión al LPS, la actividad de péptidos purificados y el efecto sobre la formación temprana de biopelículas son biológicamente plausibles, pero se han estudiado sobre todo en sistemas experimentales. La competencia por el hierro o la adhesión viral en laboratorio no demuestran un efecto terapéutico de un suplemento oral.

Los resultados clínicos son heterogéneos: un ensayo temprano pequeño en prematuros dio una señal positiva, mientras que los ensayos mayores ELFIN y LIFT no confirmaron desenlaces clave; los primeros datos de bLF en anemia difieren de un ensayo aleatorizado posterior en el que bLF fue inferior al sulfato ferroso; y los estudios de H. pylori tampoco son uniformes. Por ello, la evaluación debe centrarse en la proteína, el producto, la población, la dosis y el desenlace principal concretos, mantener presentes los resultados negativos y no deducir una pauta universal solo a partir del mecanismo.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto hierro puede unir una molécula de lactoferrina?

La proteína intacta tiene dos lóbulos, cada uno capaz de ocupar un sitio Fe³⁺ junto con un carbonato sinérgico. Es la capacidad máxima; la saturación del producto real puede variar.

¿La lactoferrina solo priva de hierro a las bacterias?

No. Unir hierro es un mecanismo. La proteína y sus péptidos N-terminales pueden interactuar con LPS y membranas; en algunos modelos también interfirió en la formación temprana de biopelículas. La mayor parte de estas pruebas es experimental.

¿Se forman lactoferricina y lactoferrampina tras tomar una cápsula?

Su actividad se estudió después de proteólisis controlada y en fragmentos aislados o sintéticos. No se ha establecido una exposición activa fiable a estos péptidos tras cualquier suplemento en humanos.

¿La lactoferrina previene la sepsis en prematuros?

Un ECA temprano pequeño dio una señal positiva, pero los ensayos mayores ELFIN y LIFT no confirmaron desenlaces clínicos clave. Los metaanálisis sugieren una posible reducción de sepsis tardía con baja certeza, pero no de NEC ni mortalidad general.

¿Puede sustituirse el sulfato ferroso por lactoferrina en la anemia ferropénica?

En un ensayo aleatorizado de 2026 en mujeres no embarazadas con anemia ferropénica, bLF 200 o 400 mg fue inferior a 60 mg de hierro elemental como sulfato en el cambio de hemoglobina a 12 semanas. Estudios anteriores en otros grupos fueron más favorables, pero no establecen un sustituto universal.

¿Está demostrado que la lactoferrina previene o trata la COVID-19?

No. Los ECA en trabajadores sanitarios y estudios en pacientes hospitalizados no mostraron un beneficio clínico significativo. Los hallazgos celulares sobre unión al heparán sulfato no sustituyen ensayos de desenlaces en personas.

¿Quién debe tener en cuenta la alergia?

La lactoferrina bovina procede de la leche. Ante una alergia confirmada a proteínas de leche de vaca, no debe suponerse que un producto purificado es seguro; hay que considerar el origen y la composición concreta.

Fuentes

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  • Anderson BF et al. Structure of human lactoferrin at 3.2-A resolution. Proc Natl Acad Sci U S A. 1987;84:1769–1773.
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